Cada vez que Alvaro Negredo juega en Madrid hay peligro para su rival. Son partido especiales, en su ciudad, delante de su gente. Negredo está pletórico. Y con el punto de mira afinado. Su volea, su empeine, con la pierna izquierda, de manual. Un golazo, que permitió al Sevilla FC sacar un punto del estadio Vicente Calderón. Partido intenso y Negredo, incluso, pudo dar un duro golpe al Alético con un latigazo en la recta final del partido que se fue al larguero del portal de De Gea. Negredo, en el Sevilla, y Reyes, en el Atlético, lo mejor en el Manzanares.
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Liga: At. Madrid 2-2 Sevilla FC
En el clima enrarecido del Calderón, el Sevilla comparecía para intentar encadenar una segunda victoria en Liga que le diera continuidad y un espaldarazo moral para reforzar la mentalidad de un grupo que en las últimas semanas ha visto como su buen juego no se traducía en el marcador. En frente, un Atlético, que tampoco está teniendo su año, lo que agudizaba aún más la sensación que el de esta tarde era un choque de amplias necesidades para ambos contrincantes, lo que se tradujo en un encuentro alocado, por momentos con más histeria que sensatez, que el Sevilla tuvo enfilado en varias ocasiones, por su buen hacer arriba y el gran momento de Negredo, pero que se perdió por la excesiva permisividad atrás.
El Sevilla salió bien, quiso hacerse con el balón en los primeros compases, lo que lógicamente creo inquietud en un rival que tampoco está para fiestas. El Atlético, agazapado, pasó de las contras, siempre peligrosas por la dinamita que tiene arriba, a hacerse con la posesión, aunque en ambos casos no había hostilidades. El choque era tranquilo, demasiado manso para dos equipos que cuentan con un abundante y variado arsenal ofensivo. Poco a poco, el partido entró en una fase donde nadie daba un paso, pero en los últimos diez minutos del primer acto comenzaron a retumbar los tambores de guerra, como si la primera media hora apenas hubiera servido para nada.
El primero en decir presente fue Luis Fabiano en el minuto 38. El brasileño se la acomodó en la frontal, acolchado a la izquierda, y puso de rosca un balón con marchamo de gol que se fue por muy poco. Era un primer aviso. Tres minutos más tarde la cosa fue a mayores. Dabo la puso al área desde el carril diestro, Perotti la bajó bien con el pecho y Negredo la enganchó con la zurda de empalme colosal, batiendo a un indefenso De Gea. El Sevilla se adelantaba y olía la sangre de un Atlético que pensaba se arrastraba malherido al descanso. Era el momento de poner tierra de por medio y así lo entendieron los andaluces, que aprovecharon la debilidad circunstancial atlética y rozaron el segundo, cuando una contra iniciada por Perotti acabó en pase de Navas que Luis Fabiano no acertó a rematar con certeza en el área chica. Lo que es el fútbol, de rozar al segundo, en la siguiente jugada Javi Varas salvó el empate, ante el Kun Agüero a bocajarro, tras internada en solitario de Forlán por la izquierda, culminando así un final de primer tiempo trepidante.
El remate postrero del Kun Agüero constituía un mensaje evidente: por mal que estén, los colchoneros tienen futbolistas de primer orden que al mínimo despiste te la montan. Y así fue, porque prácticamente en el inicio de la reanudación Koke remató un balón largo que se paseo ante Varas y entró en la red. El empate era un jarro de agua helada para un Sevilla que aún así no se descompuso, aprovechando la profundidad en el costado derecho de Navas, que en los seis primeros minutos del segundo acto ya había mandado al área chica tres balones claros. El palaciego está cada día más cerca de su nivel. El partido estaba abierto, era un golpe a golpe repleto de emoción, que de nuevo tomó color visitante cuando una gran contra iniciada por un inteligente toque de cabeza de Negredo, lo condujo Perotti, que cambió el cuero a la derecha para que Navas se la dejara atrás a Rakitic, ajustando el croata con una precisión extrema al palo derecho de De Gea.
El gol del Sevilla debía ser suficiente, porque el Atlético otra vez nadaba contracorriente, naufragando. Los nervios se mascaban, pero de nuevo por la derecha, esta vez Reyes, le ganó la espalda a la defensa e hizo las tablas a 15 minutos del final. El último tramo del encuentro fue una locura. Una cesión absurda producida por una duda de la defensa nervionense ante los aparentes gestos dolorosos de un jugador local en el césped pudo acabar en tragedia si no es porque Varas dio una exhibición de reflejos con los pies ante la picaresca de Thiago y Agüero. Esa jugada tan llena de precipitaciones y emoción sintetizaba en cierto modo la cara de un choque que se había convertido ya en una auténtica ruleta rusa donde cada equipo disponía de su turno para intentar tumbar al rival. En ese desconcierto Fazio y Escudé, sobre todo el argentino, se mostraban colosales.
Y el Sevilla fue el que disparó el último, concretamente Negredo, que completó un partido enorme. El madrileño se inventó un trallazo lejano que se estampó con el larguero, con De Gea ya batido, cayendo luego Capel en la búsqueda del rechace con Ujfalusi echándole el aliento, en lo que a todas luces parece penalti clarísimo que Mateu Lahoz no quiso ver, pues bien situado estaba desde luego para señarlarlo... Lástima, porque ahí pudo haber estado un triunfo que el Sevilla tuvo hasta en dos ocasiones en sus manos pero que no supo conservar por sus concesiones atrás.
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El Sevilla salió bien, quiso hacerse con el balón en los primeros compases, lo que lógicamente creo inquietud en un rival que tampoco está para fiestas. El Atlético, agazapado, pasó de las contras, siempre peligrosas por la dinamita que tiene arriba, a hacerse con la posesión, aunque en ambos casos no había hostilidades. El choque era tranquilo, demasiado manso para dos equipos que cuentan con un abundante y variado arsenal ofensivo. Poco a poco, el partido entró en una fase donde nadie daba un paso, pero en los últimos diez minutos del primer acto comenzaron a retumbar los tambores de guerra, como si la primera media hora apenas hubiera servido para nada.
El primero en decir presente fue Luis Fabiano en el minuto 38. El brasileño se la acomodó en la frontal, acolchado a la izquierda, y puso de rosca un balón con marchamo de gol que se fue por muy poco. Era un primer aviso. Tres minutos más tarde la cosa fue a mayores. Dabo la puso al área desde el carril diestro, Perotti la bajó bien con el pecho y Negredo la enganchó con la zurda de empalme colosal, batiendo a un indefenso De Gea. El Sevilla se adelantaba y olía la sangre de un Atlético que pensaba se arrastraba malherido al descanso. Era el momento de poner tierra de por medio y así lo entendieron los andaluces, que aprovecharon la debilidad circunstancial atlética y rozaron el segundo, cuando una contra iniciada por Perotti acabó en pase de Navas que Luis Fabiano no acertó a rematar con certeza en el área chica. Lo que es el fútbol, de rozar al segundo, en la siguiente jugada Javi Varas salvó el empate, ante el Kun Agüero a bocajarro, tras internada en solitario de Forlán por la izquierda, culminando así un final de primer tiempo trepidante.
El remate postrero del Kun Agüero constituía un mensaje evidente: por mal que estén, los colchoneros tienen futbolistas de primer orden que al mínimo despiste te la montan. Y así fue, porque prácticamente en el inicio de la reanudación Koke remató un balón largo que se paseo ante Varas y entró en la red. El empate era un jarro de agua helada para un Sevilla que aún así no se descompuso, aprovechando la profundidad en el costado derecho de Navas, que en los seis primeros minutos del segundo acto ya había mandado al área chica tres balones claros. El palaciego está cada día más cerca de su nivel. El partido estaba abierto, era un golpe a golpe repleto de emoción, que de nuevo tomó color visitante cuando una gran contra iniciada por un inteligente toque de cabeza de Negredo, lo condujo Perotti, que cambió el cuero a la derecha para que Navas se la dejara atrás a Rakitic, ajustando el croata con una precisión extrema al palo derecho de De Gea.
El gol del Sevilla debía ser suficiente, porque el Atlético otra vez nadaba contracorriente, naufragando. Los nervios se mascaban, pero de nuevo por la derecha, esta vez Reyes, le ganó la espalda a la defensa e hizo las tablas a 15 minutos del final. El último tramo del encuentro fue una locura. Una cesión absurda producida por una duda de la defensa nervionense ante los aparentes gestos dolorosos de un jugador local en el césped pudo acabar en tragedia si no es porque Varas dio una exhibición de reflejos con los pies ante la picaresca de Thiago y Agüero. Esa jugada tan llena de precipitaciones y emoción sintetizaba en cierto modo la cara de un choque que se había convertido ya en una auténtica ruleta rusa donde cada equipo disponía de su turno para intentar tumbar al rival. En ese desconcierto Fazio y Escudé, sobre todo el argentino, se mostraban colosales.
Y el Sevilla fue el que disparó el último, concretamente Negredo, que completó un partido enorme. El madrileño se inventó un trallazo lejano que se estampó con el larguero, con De Gea ya batido, cayendo luego Capel en la búsqueda del rechace con Ujfalusi echándole el aliento, en lo que a todas luces parece penalti clarísimo que Mateu Lahoz no quiso ver, pues bien situado estaba desde luego para señarlarlo... Lástima, porque ahí pudo haber estado un triunfo que el Sevilla tuvo hasta en dos ocasiones en sus manos pero que no supo conservar por sus concesiones atrás.
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Europa League: FC Porto 0-1 Sevilla FC
El Sevilla ganó en Do Dragao pero cayó eliminado, de pie, pero eliminado, tras una gran segunda parte, en la que sin embargo le faltó un gol para pasar a octavos de final. No pudo ser, aunque no porque no lo intentaran los hispalenses, que cuajaron una recta final del choque encomiable y en varias ocasiones rozaron el segundo sin suerte, el factor que, sin duda, ha desequilibrado en cierto modo una eliminatoria en la que a los goles hubo igualdad y a los puntos el Sevilla fue superior. La fortuna, tal vez la del campeón, se alió con los lusos, aunque en lo moral, eso es obvio, el equipo que dirige Gregorio Manzano no se puede sentir derrotado en ninguno de los casos.
No queda otra que sentirse castigado tras el choque de esta tarde, porque el Sevilla se va fuera con la sensación de no ser inferior, para nada, al líder de la liga portuguesa. Pero en el fútbol goles son amores, es la única verdad, y a los hispalenses le faltó uno. Pudo ser al principio, en el minuto dos, pero Kanouté erró y el choque, que pintaba bien, entró en barrena, con el Oporto más protagonista que los nervionenses, aunque sin inquietar más de la cuenta a un Javi Varas que se licenció en Europa con un partidazo con mayúsculas.
La primera parte del Sevilla no fue buena, porque en ningún momento se sintió cómodo. La partida en el centro del campo la ganaban de calle los locales, con el trivote formado por Fernando, que cuando tocaba defender se sumaba con una eficacia tremenda a la línea de cuatro, Moutinho y Belluschi. Era obvio que había que darle un giro al asunto en el segundo acto y Manzano lo entendió sin duda así, dando entrada a Medel. La bravura del chileno es un valor añadido innegable en un equipo que con él en el campo siempre suma un punto.
El segundo tiempo fue otra historia. El Sevilla hizo suyo el centro del campo y en defensa, con un Fazio magnífico que va a más, el equipo mostraba la contundencia necesaria para dar un pasito más hacia delante, con el cambio de Luis Fabiano por Sergio Sánchez, dejando Manzano una línea de tres atrás, con el argentino escoltado por Alexis y Fernando Navarro. Al equipo, que estaba mejor que en el primer acto, le faltaba un gol para creérselo, que llegó a 18 del final, con una sensacional acción de Negredo, asistencia incluida, que definió con disparo cruzado, intratable, Luis Fabiano.
El Sevilla podía, el Sevilla creía con más fe que nunca, porque tiempo por delante sobraba para culminar la machada. La inmediata expulsión de Pereira puso las cosas aún más de cara. Había que machacar al Oporto y los andaluces jugaban para ello, con los portugueses contra las cuerdas. Ni siquiera la doble amarilla de Alexis en el 78 amedentró a los visitantes. Kanouté remató mal un córner claro con Luis Fabiano llegando desde atrás, pero la más clara llegó a cinco del final cuando Navas entrando por la derecha, con Perotti totalmente solo, puso el balón demasiado largo sin que el argentino pudiera hacer nada para rematarlo, ya con el meta vendido.
El efusivo empuje sevillista, que acabó jugando con cuatro delanteros en el campo, pues Rodri entró en el tramo final, era sostenido bajo palos por un Javi Varas excepcional. El meta de Pino Montano deshizo cuantas ocasiones tuvieron Hulk y compañía, que no guardarán de él buen recuerdo, eso seguro. El reloj avanzaba al 90 y el choque se convirtió en su último tramo en un auténtico correcalles con muchas imprecisiones fruto del choque entre la voluntad y la impotencia. El Sevilla murió con todo, a pecho descubierto, dejando el alma sobre el tapete de un estadio que explotó de júbilo con el final del encuentro, sintiendo verdadero alivio tras el pitido final de Howard Webb. La victoria fue corta, en un auténtico partidazo en la que otra vez la imagen no correspondió con lo que reflejaba el marcador al final del choque, aunque las imágenes, por bellas que sean, no sirvan más que para tener esperanza en lo venidero, que, dicho sea de paso, no es poco.
Alineación FC Porto: Helton; Fucile, Rolando, Otamendi, Álvaro Pereira; Fernando, Belluschi, Joao Moutinho (Sapunaru, 74), Varela (Maicon, 85); Falcao (Guarín, 74) y Hulk.
Alineación Sevilla FC: Javi Varas; Sergio Sánchez (Luis Fabiano, 55), Alexis, Fazio, Fernando Navarro; Navas, Zokora (Medel, 46), Rakitic, Perotti (Rodri, 85); Kanouté y Negredo.
Goles: 0-1: Min. 70, Luis Fabiano.
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No queda otra que sentirse castigado tras el choque de esta tarde, porque el Sevilla se va fuera con la sensación de no ser inferior, para nada, al líder de la liga portuguesa. Pero en el fútbol goles son amores, es la única verdad, y a los hispalenses le faltó uno. Pudo ser al principio, en el minuto dos, pero Kanouté erró y el choque, que pintaba bien, entró en barrena, con el Oporto más protagonista que los nervionenses, aunque sin inquietar más de la cuenta a un Javi Varas que se licenció en Europa con un partidazo con mayúsculas.
La primera parte del Sevilla no fue buena, porque en ningún momento se sintió cómodo. La partida en el centro del campo la ganaban de calle los locales, con el trivote formado por Fernando, que cuando tocaba defender se sumaba con una eficacia tremenda a la línea de cuatro, Moutinho y Belluschi. Era obvio que había que darle un giro al asunto en el segundo acto y Manzano lo entendió sin duda así, dando entrada a Medel. La bravura del chileno es un valor añadido innegable en un equipo que con él en el campo siempre suma un punto.
El segundo tiempo fue otra historia. El Sevilla hizo suyo el centro del campo y en defensa, con un Fazio magnífico que va a más, el equipo mostraba la contundencia necesaria para dar un pasito más hacia delante, con el cambio de Luis Fabiano por Sergio Sánchez, dejando Manzano una línea de tres atrás, con el argentino escoltado por Alexis y Fernando Navarro. Al equipo, que estaba mejor que en el primer acto, le faltaba un gol para creérselo, que llegó a 18 del final, con una sensacional acción de Negredo, asistencia incluida, que definió con disparo cruzado, intratable, Luis Fabiano.
El Sevilla podía, el Sevilla creía con más fe que nunca, porque tiempo por delante sobraba para culminar la machada. La inmediata expulsión de Pereira puso las cosas aún más de cara. Había que machacar al Oporto y los andaluces jugaban para ello, con los portugueses contra las cuerdas. Ni siquiera la doble amarilla de Alexis en el 78 amedentró a los visitantes. Kanouté remató mal un córner claro con Luis Fabiano llegando desde atrás, pero la más clara llegó a cinco del final cuando Navas entrando por la derecha, con Perotti totalmente solo, puso el balón demasiado largo sin que el argentino pudiera hacer nada para rematarlo, ya con el meta vendido.
El efusivo empuje sevillista, que acabó jugando con cuatro delanteros en el campo, pues Rodri entró en el tramo final, era sostenido bajo palos por un Javi Varas excepcional. El meta de Pino Montano deshizo cuantas ocasiones tuvieron Hulk y compañía, que no guardarán de él buen recuerdo, eso seguro. El reloj avanzaba al 90 y el choque se convirtió en su último tramo en un auténtico correcalles con muchas imprecisiones fruto del choque entre la voluntad y la impotencia. El Sevilla murió con todo, a pecho descubierto, dejando el alma sobre el tapete de un estadio que explotó de júbilo con el final del encuentro, sintiendo verdadero alivio tras el pitido final de Howard Webb. La victoria fue corta, en un auténtico partidazo en la que otra vez la imagen no correspondió con lo que reflejaba el marcador al final del choque, aunque las imágenes, por bellas que sean, no sirvan más que para tener esperanza en lo venidero, que, dicho sea de paso, no es poco.
Alineación FC Porto: Helton; Fucile, Rolando, Otamendi, Álvaro Pereira; Fernando, Belluschi, Joao Moutinho (Sapunaru, 74), Varela (Maicon, 85); Falcao (Guarín, 74) y Hulk.
Alineación Sevilla FC: Javi Varas; Sergio Sánchez (Luis Fabiano, 55), Alexis, Fazio, Fernando Navarro; Navas, Zokora (Medel, 46), Rakitic, Perotti (Rodri, 85); Kanouté y Negredo.
Goles: 0-1: Min. 70, Luis Fabiano.
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Liga: Sevilla1-0 Hércules
Del sur al norte, del este al oeste. El Sevilla continúa con sus volantazos entre partido y partido en busca de alguna señal en el camino que muestre la salida de esa caverna tenebrosa en la que se anda sumido. Así andan las cosas cuando se cumple una vuelta de la llegada de Gregorio Manzano al banquillo. Fue tras el partido en el Rico Pérez cuando a José María del Nido se le agotó la paciencia con Antonio Álvarez. Entonces el equipo ocupaba la séptima plaza. La misma que tras el triunfo ante el Hércules, pero con el objetivo de la Champions mucho más lejos.
Si en números la cosa va por el mismo camino, en cuanto a juego el asunto no presenta demasiada mejora. El estilo o el sello Manzano aún no se aprecia. Más allá de que el Sevilla es un equipo loco, que le van los partidos con rumba y con lagunas defensivas, de patrón nada de nada.
Ante los alicantinos tocó el equipo directo. Toda la elaboración y la cocina de la noche ante el Oporto se quedaron en el baúl de los disfraces. El portero Javi Varas ponía el balón en el cielo para que Negredo y Luis Fabiano buscaran en el salto iniciar la jugada de ataque. Medel y Rakitic vieron durante la primera parte una exhibición de maniobras aéreas sin que participaran lo más mínimo en el juego. Navas y Capel sólo rebañaron en la banda las migajas que dejaba la estrategia.
Negredo fue el que más disfrutó en este tramo del encuentro. Ganó casi todo lo que saltó por arriba y cuando bajó la pelota, tuvo claridad para llegar hasta portería. Un magnífico lanzamiento con el exterior se estrelló en el larguero de Calatayud. El madrileño saca la cabeza en esta racha tan irregular de su equipo. Quizá mereció algún minuto más en partidos importantes en los que sólo apareció a última hora.
Con tanto globo por el aire, fue el Hércules el que tuvo más posesión, pero insípida e incolora. Los números de los de Esteban fuera de casa son aterradores. Desde octubre no marca un gol. La proeza del Camp Nou y se acabó. El Pizjuán asistió a una demostración que explica los paupérrimos números de los levantinos lejos de su estadio. Manejó, pero sin aproximarse con la mínima inquietud en el área sevillista. La receta para los de Nervión pedía justo eso: un visitante medroso que no sacara mucho los pies del tiesto en momentos de tanta incertidumbre.
Mientras, el Sevilla a lo suyo. Saque largo para la cabeza de los delanteros. En uno de tantos, el balón llegó a Negredo que con el pecho le dejó el gol a punto de caramelo para Rakitic. Ahí se decidió el partido. Ni los locales mejoraron mucho más ni el Hércules salió de esa tibieza tan acusada. Sólo algunas acciones del delantero vallecano del Sevilla animaron una tarde de lo más anodina.
Hasta el primer minuto de descuento no se percibió esa sensación de agobio a la que está obligado un equipo que pierde por sólo un gol. Balones al área y algún córner. Muy pocas veces hubo tanta distancia en un 1-0.
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Si en números la cosa va por el mismo camino, en cuanto a juego el asunto no presenta demasiada mejora. El estilo o el sello Manzano aún no se aprecia. Más allá de que el Sevilla es un equipo loco, que le van los partidos con rumba y con lagunas defensivas, de patrón nada de nada.
Ante los alicantinos tocó el equipo directo. Toda la elaboración y la cocina de la noche ante el Oporto se quedaron en el baúl de los disfraces. El portero Javi Varas ponía el balón en el cielo para que Negredo y Luis Fabiano buscaran en el salto iniciar la jugada de ataque. Medel y Rakitic vieron durante la primera parte una exhibición de maniobras aéreas sin que participaran lo más mínimo en el juego. Navas y Capel sólo rebañaron en la banda las migajas que dejaba la estrategia.
Negredo fue el que más disfrutó en este tramo del encuentro. Ganó casi todo lo que saltó por arriba y cuando bajó la pelota, tuvo claridad para llegar hasta portería. Un magnífico lanzamiento con el exterior se estrelló en el larguero de Calatayud. El madrileño saca la cabeza en esta racha tan irregular de su equipo. Quizá mereció algún minuto más en partidos importantes en los que sólo apareció a última hora.
Con tanto globo por el aire, fue el Hércules el que tuvo más posesión, pero insípida e incolora. Los números de los de Esteban fuera de casa son aterradores. Desde octubre no marca un gol. La proeza del Camp Nou y se acabó. El Pizjuán asistió a una demostración que explica los paupérrimos números de los levantinos lejos de su estadio. Manejó, pero sin aproximarse con la mínima inquietud en el área sevillista. La receta para los de Nervión pedía justo eso: un visitante medroso que no sacara mucho los pies del tiesto en momentos de tanta incertidumbre.
Mientras, el Sevilla a lo suyo. Saque largo para la cabeza de los delanteros. En uno de tantos, el balón llegó a Negredo que con el pecho le dejó el gol a punto de caramelo para Rakitic. Ahí se decidió el partido. Ni los locales mejoraron mucho más ni el Hércules salió de esa tibieza tan acusada. Sólo algunas acciones del delantero vallecano del Sevilla animaron una tarde de lo más anodina.
Hasta el primer minuto de descuento no se percibió esa sensación de agobio a la que está obligado un equipo que pierde por sólo un gol. Balones al área y algún córner. Muy pocas veces hubo tanta distancia en un 1-0.
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Negredo: «Hay errores que nos están matando»
El Sevilla tiene muy cuesta arriba la clasificación para los octavos de final de la Europa League tras caer derrotado en casa por 1-2 ante el Oporto, en un encuentro con buen juego pero sin acierto y con algún fallo defensivo.
"Nos estamos encontrando muchos errores que nos están matando", aseguró Álvaro Negredo que, a pesar de todo, no pierde la esperanza: "va a ser un partido muy difícil pero está en nuestras manos y hay que tener una actitud positiva y poner muchas ganas", dijo.
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"Nos estamos encontrando muchos errores que nos están matando", aseguró Álvaro Negredo que, a pesar de todo, no pierde la esperanza: "va a ser un partido muy difícil pero está en nuestras manos y hay que tener una actitud positiva y poner muchas ganas", dijo.
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[Liga Europa] Sevilla FC 1-2 Oporto
El Sevilla mereció más en su duelo ante un rival tan fuerte como el Oporto, pero el marcador volvió a castigarlo · Los sevillistas hicieron un buen fútbol antes de caer por otro fallo puntual.
Nueva decepción para un Sevilla al que le ha virado el viento para toparse con un verdadero huracán de cara. Los nervionenses deberán luchar por una de esas heroicidades que rara vez se producen si quieren seguir vivos en la Liga Europa. El Oporto fue el ganador en un pulso intenso en el que los portugueses tuvieron mucha más fortuna que unos anfitriones que se hicieron acreedores esta vez a un mejor resultado.
Pero el fútbol no es el boxeo y no entiende de méritos cuando se llega al final de los combates. Ahí sólo puntúan los goles que anota el juez árbitro en el acta en el que da fe de lo sucedido y en el mismo se constataba cerca de la medianoche que el Sevilla había caído derrotado por 1-2. Cierto que el juego está creciendo, que el equipo ha subido un par de puntos en su rendimiento, pero los despistes atrás no acaban de desaparecer y ya sea por Fulanito o por Zutanito, en este caso por Luis Fabiano, por Cáceres, por Sergio Sánchez o por Palop, siempre aparecen para torpedear directamente a toda la nave en los momentos más inoportunos. Aunque también sería igualmente injusto obviar que Kanoute había desperdiciado con anterioridad una oportunidad casi con la puerta vacía.
Es un cúmulo de circunstancias el que se produce para que el trabajo colectivo de un equipo bastante prometedor origine al final una nueva decepción. Ya sucedió el pasado sábado en Santander y volvió a acaecer en la noche europea en Nervión a pesar de que los méritos contraídos por ambos litigantes debían conducir a un triunfo de los sevillistas.
Porque el conjunto de Manzano supo plantearle el pulso en lo más alto a uno de los grandes de Europa, a un Oporto que está avasallando en la competición doméstica y que demostró desde el minuto 1 las razones para ello. Andre Villas-Boas, ese técnico que acapara piropos como remake de José Mourinho, ordenó una presión asfixiante a los suyos desde que el balón echó a rodar en el Sánchez-Pizjuán. Los portugueses plantaron la línea muy arriba y ahogaron en ese primer tramo a un Sevilla que bastante tenía con salir como podía en cada jugada.
Pero este Sevilla no tiene nada que ver con el que tanto ha decepcionado a los suyos desde que sufriera un mazazo contra otro equipo radicado muy cerquita de Oporto el pasado mes de agosto. Los hombres de Manzano no se dejaron comer la moral y trataron de sacar el balón por las vías adecuadas para romper ese planteamiento asfixiante del rival. Ora circulaba la pelota por abajo tras pasar por Medel, llegar hasta Rakitic y de ahí pasar a posiciones más avanzadas, ora era Palop el que buscaba el fútbol directo para que la ofensiva se iniciara en Luis Fabiano o Kanoute, particularmente el brasileño.
El Sevilla no se había descompuesto ante un excelente equipo y hasta pudo ponerse por delante en el marcador antes del intermedio. Cierto que Medel salvó un gol bajo los palos de James Rodríguez, pero también Luis Fabiano y Kanoute tuvieron opciones para colocar a los suyos con ventaja. Sin embargo, el partido había sido tremendamente equilibrado, y bueno en líneas generales, en ese primer asalto.
Lo mejor del choque, sin embargo, estaba por acontecer y tuvo lugar en la segunda parte. El conjunto de Manzano no dio un paso atrás en ningún momento y salió con más intensidad si cabe que con la que se había marchado al intermedio. Kanoute tuvo la primera opción muy pronto y entonces llegó un show inesperado, el del escocés Thomson que se empeñó en que todo se ralentizara y en que uno de los dos contendientes pudiera sufrir un traspié por falta de concentración. Y le tocó al especialista en ello, a un Sevilla que aceptó un gol de estrategia en una jugada bastante dudosa por la posición del goleador, pero que también, y todo hay que decirlo, estuvo pésimamente defendida.
Jarro de agua fría de los que dejarían helados a cualquier equipo, pero este Sevilla no estaba dispuesto a dejar de luchar y protagonizó a partir de ahí veinte minutos de un fútbol notable. No sólo llegó el empate a través de Kanoute en un soberbio cabezazo también en otra estrategia, sino que lo raro fue que los blanquirrojos no se pusieran por delante en el marcador. El fútbol era rápido, muy rápido, y llegaba hasta Helton a través de muy diferentes formas. Pero la suerte no acompañó a Luis Fabiano en un cabezazo, a Negredo en una galopada y particularmente a Kanoute cuando se topó con un balón en solitario a apenas un par de metros de la raya de gol.
Debió llegar el 2-1 y lo que vino fue el 1-2 en una pérdida de Medel a la que siguió la indecisión entre Sergio Sánchez y Palop. La ley de Murphy es implacable en estos casos y no se equivoca cuando establece el siguiente aserto: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Desgraciadamente para el Sevilla y para quienes sienten esos colores, por una cosa o por otra, por errores propios o por falta de fortuna, así es.
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Nueva decepción para un Sevilla al que le ha virado el viento para toparse con un verdadero huracán de cara. Los nervionenses deberán luchar por una de esas heroicidades que rara vez se producen si quieren seguir vivos en la Liga Europa. El Oporto fue el ganador en un pulso intenso en el que los portugueses tuvieron mucha más fortuna que unos anfitriones que se hicieron acreedores esta vez a un mejor resultado.
Pero el fútbol no es el boxeo y no entiende de méritos cuando se llega al final de los combates. Ahí sólo puntúan los goles que anota el juez árbitro en el acta en el que da fe de lo sucedido y en el mismo se constataba cerca de la medianoche que el Sevilla había caído derrotado por 1-2. Cierto que el juego está creciendo, que el equipo ha subido un par de puntos en su rendimiento, pero los despistes atrás no acaban de desaparecer y ya sea por Fulanito o por Zutanito, en este caso por Luis Fabiano, por Cáceres, por Sergio Sánchez o por Palop, siempre aparecen para torpedear directamente a toda la nave en los momentos más inoportunos. Aunque también sería igualmente injusto obviar que Kanoute había desperdiciado con anterioridad una oportunidad casi con la puerta vacía.
Es un cúmulo de circunstancias el que se produce para que el trabajo colectivo de un equipo bastante prometedor origine al final una nueva decepción. Ya sucedió el pasado sábado en Santander y volvió a acaecer en la noche europea en Nervión a pesar de que los méritos contraídos por ambos litigantes debían conducir a un triunfo de los sevillistas.
Porque el conjunto de Manzano supo plantearle el pulso en lo más alto a uno de los grandes de Europa, a un Oporto que está avasallando en la competición doméstica y que demostró desde el minuto 1 las razones para ello. Andre Villas-Boas, ese técnico que acapara piropos como remake de José Mourinho, ordenó una presión asfixiante a los suyos desde que el balón echó a rodar en el Sánchez-Pizjuán. Los portugueses plantaron la línea muy arriba y ahogaron en ese primer tramo a un Sevilla que bastante tenía con salir como podía en cada jugada.
Pero este Sevilla no tiene nada que ver con el que tanto ha decepcionado a los suyos desde que sufriera un mazazo contra otro equipo radicado muy cerquita de Oporto el pasado mes de agosto. Los hombres de Manzano no se dejaron comer la moral y trataron de sacar el balón por las vías adecuadas para romper ese planteamiento asfixiante del rival. Ora circulaba la pelota por abajo tras pasar por Medel, llegar hasta Rakitic y de ahí pasar a posiciones más avanzadas, ora era Palop el que buscaba el fútbol directo para que la ofensiva se iniciara en Luis Fabiano o Kanoute, particularmente el brasileño.
El Sevilla no se había descompuesto ante un excelente equipo y hasta pudo ponerse por delante en el marcador antes del intermedio. Cierto que Medel salvó un gol bajo los palos de James Rodríguez, pero también Luis Fabiano y Kanoute tuvieron opciones para colocar a los suyos con ventaja. Sin embargo, el partido había sido tremendamente equilibrado, y bueno en líneas generales, en ese primer asalto.
Lo mejor del choque, sin embargo, estaba por acontecer y tuvo lugar en la segunda parte. El conjunto de Manzano no dio un paso atrás en ningún momento y salió con más intensidad si cabe que con la que se había marchado al intermedio. Kanoute tuvo la primera opción muy pronto y entonces llegó un show inesperado, el del escocés Thomson que se empeñó en que todo se ralentizara y en que uno de los dos contendientes pudiera sufrir un traspié por falta de concentración. Y le tocó al especialista en ello, a un Sevilla que aceptó un gol de estrategia en una jugada bastante dudosa por la posición del goleador, pero que también, y todo hay que decirlo, estuvo pésimamente defendida.
Jarro de agua fría de los que dejarían helados a cualquier equipo, pero este Sevilla no estaba dispuesto a dejar de luchar y protagonizó a partir de ahí veinte minutos de un fútbol notable. No sólo llegó el empate a través de Kanoute en un soberbio cabezazo también en otra estrategia, sino que lo raro fue que los blanquirrojos no se pusieran por delante en el marcador. El fútbol era rápido, muy rápido, y llegaba hasta Helton a través de muy diferentes formas. Pero la suerte no acompañó a Luis Fabiano en un cabezazo, a Negredo en una galopada y particularmente a Kanoute cuando se topó con un balón en solitario a apenas un par de metros de la raya de gol.
Debió llegar el 2-1 y lo que vino fue el 1-2 en una pérdida de Medel a la que siguió la indecisión entre Sergio Sánchez y Palop. La ley de Murphy es implacable en estos casos y no se equivoca cuando establece el siguiente aserto: "Si algo puede salir mal, saldrá mal". Desgraciadamente para el Sevilla y para quienes sienten esos colores, por una cosa o por otra, por errores propios o por falta de fortuna, así es.
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[Liga] Racing 3-2 Sevilla FC
El Sevilla agrava su crisis al entregar otro partido con dos regalos de Palop, el último sangrante, y uno de Rakitic. Negredo falló un penalti y cuando el empate parecía el único botín con un hombre más, con el tiempo cumplido llegó la derrota.
No es sinónimo de nada bueno que el presidente tenga que salir a apagar fuegos, pero es una medida de lo que se vive hoy en el Sevilla. Y otra, sin duda fiel también a la situación que lleva respirando durante casi toda la temporada, la dio anoche en Santander el equipo de Manzano, un hombre que no encuentra la solución por más que lo intenta. En una locura de partido, el Sevilla acabó entregando él solito la cuchara en un choque en el que, como otras veces, hizo méritos para ganar, para perder y también para empatar, que es lo que parecía que iba a hacer al final después de jugar más de medio partido con uno más. Pero como en este equipo lo que no hacen los rivales lo hacen los de la casa, dio otro paso importante atrás regalando tres puntos al Racing. Que si ya no habían sido suficientes regalos los dos primeros tantos, Palop lo arruinaría todo con el tiempo cumplido con una salida de las de llevarse las manos a la cabeza.
Porque ni Medel, ni Rakitic, ni la versión mejorada de Jesús Navas ni un buen Fazio parecen poder arreglar esto. Manzano ponía al chileno a debutar, pero no valdría para salir de la crisis. Y eso que el planteamiento del jiennense parecía coherente y del gusto de la parroquia. Con la hojilla de las alineaciones en la mano la duda que tampoco después se resolvería estaba en ver quién de los dos medios de contención alineados de salida, Medel y Fazio, era el encargado de echar el ancla y quién el que tenía la labor de barrer hacia arriba cuando se pudiera y hacia abajo cuando el Racing apretara. Y casi no se resolvería porque en la primera parte pasaron tantas cosas que esta incógnita pasaba a ser casi una nimiedad. En principio, ninguno de los dos se quedaba porque en el 4-2-3-1 el chileno iba a buscarla al lado del lateral izquierdo y el argentino guardaba la parte de la viña más cerca de Dabo y Jesús Navas. Éste, el palaciego, era el más dinámico de los sevillistas en un inicio de partido con mucho ritmo en el que el Sevilla prometía, sobre todo porque su estandarte, el campeón del mundo, daba señales de emerger tras esos minutos con España que parece que le han servido para quitarse los miedos. Pero todo se fue al traste muy pronto, demasiado pronto. El Racing encendía a una afición que ya de por sí acudía loca a El Sardinero por la vuelta de Marcelino, una especie de divinidad aquí, en la primera ocasión que tenía de llegar al área de Palop. Y porque se lo encontró, pues el capitán sevillista salió por peteneras en un córner que él mismo había contribuido a ceder por unas dudas ante Alexis que luego se confirmaron en toda su extensión al intentar atrapar la ejecución de Adrián. Se le escapó el balón al guardameta y Christian remachó en la boca de gol. Digamos que el Sevilla no tenía por qué arrugarse más de la cuenta, pues, aunque era una cuesta que subir, acostumbrada tiene este equipo a su afición a levantar situaciones complicadas aunque luego lo vuelta a tirar todo por la ventana. Y así fue. Un buen balón de Dabo terminó de aclarar que Jesús Navas quería ser otro. Su verticalidad entrando en el área fue suficiente para poner las cosas favorables a nivelar la balanza porque Christian, el autor del primer gol y luego protagonista con una expulsión, picó e Iturralde pitó penalti. Pero en el guión de Manzano no estaba que Negredo fallara la pena máxima, ni mucho menos que a la jugada siguiente uno de los fichajes llamados a enderezar el rumbo de la nave en esta segunda vuelta se metiera un gol en propia puerta. La acción involuntaria de Rakitic ponía la cosa mucho más grave para el Sevilla. Y sólo iban 20 minutos de juego.
Pero a este equipo no se le puede dar por muerto. Había habido momentos con el 2-0 en que parecía perdido, descolocado y aturdido ante el jolgorio en el que se había convertido el ambiente en El Sardinero, pero cambió la tortilla con una jugada que le daba otra oportunidad. El Racing se quedaba con diez por una entrada a Dabo con los pies por delante y en la acción posterior el lanzamiento de Rakitic encontraba la altísima referencia de la cabeza de Fazio para meter otra al Sevilla en el partido antes de que llegara el descanso.
Evidentemente, la noche se ponía bastante mejor para los de Manzano, pero también aparecía de nuevo el elemento presión. El Sevilla, el equipo grande pero necesitado a la vez, estaba en superioridad numérica, pero iba por detrás en el marcador. Había que remontar, por tanto, como fuera para no agravar la crisis. El jiennense fue quitando defensas para ir a por ese triunfo que debía caer como fruta madura, que se exigía ya que cayera del lado sevillista pero que se iba a resistir. Ahora sí, Medel se quedaba como único pivote para que, con una zaga de tres, el Sevilla se tirara encima del Racing a todo lo que diera el motor. Y es verdad que la segunda parte fue un asedio continuo que, sin embargo, no dio más fruto que un puñado de ocasiones, un balón al palo de Negredo y, por fin, el empate a través de un penalti esta vez sí convertido por Luis Fabiano. Y cuando el punto parecía el único botín que se iba a llevar el Sevilla, llegó ese último regalo de Palop de la única forma que podía llegar el Racing, en un contraataque, que constata que el Sevilla no necesita a los rivales para perder. Se basta y se sobra él solo.
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No es sinónimo de nada bueno que el presidente tenga que salir a apagar fuegos, pero es una medida de lo que se vive hoy en el Sevilla. Y otra, sin duda fiel también a la situación que lleva respirando durante casi toda la temporada, la dio anoche en Santander el equipo de Manzano, un hombre que no encuentra la solución por más que lo intenta. En una locura de partido, el Sevilla acabó entregando él solito la cuchara en un choque en el que, como otras veces, hizo méritos para ganar, para perder y también para empatar, que es lo que parecía que iba a hacer al final después de jugar más de medio partido con uno más. Pero como en este equipo lo que no hacen los rivales lo hacen los de la casa, dio otro paso importante atrás regalando tres puntos al Racing. Que si ya no habían sido suficientes regalos los dos primeros tantos, Palop lo arruinaría todo con el tiempo cumplido con una salida de las de llevarse las manos a la cabeza.
Porque ni Medel, ni Rakitic, ni la versión mejorada de Jesús Navas ni un buen Fazio parecen poder arreglar esto. Manzano ponía al chileno a debutar, pero no valdría para salir de la crisis. Y eso que el planteamiento del jiennense parecía coherente y del gusto de la parroquia. Con la hojilla de las alineaciones en la mano la duda que tampoco después se resolvería estaba en ver quién de los dos medios de contención alineados de salida, Medel y Fazio, era el encargado de echar el ancla y quién el que tenía la labor de barrer hacia arriba cuando se pudiera y hacia abajo cuando el Racing apretara. Y casi no se resolvería porque en la primera parte pasaron tantas cosas que esta incógnita pasaba a ser casi una nimiedad. En principio, ninguno de los dos se quedaba porque en el 4-2-3-1 el chileno iba a buscarla al lado del lateral izquierdo y el argentino guardaba la parte de la viña más cerca de Dabo y Jesús Navas. Éste, el palaciego, era el más dinámico de los sevillistas en un inicio de partido con mucho ritmo en el que el Sevilla prometía, sobre todo porque su estandarte, el campeón del mundo, daba señales de emerger tras esos minutos con España que parece que le han servido para quitarse los miedos. Pero todo se fue al traste muy pronto, demasiado pronto. El Racing encendía a una afición que ya de por sí acudía loca a El Sardinero por la vuelta de Marcelino, una especie de divinidad aquí, en la primera ocasión que tenía de llegar al área de Palop. Y porque se lo encontró, pues el capitán sevillista salió por peteneras en un córner que él mismo había contribuido a ceder por unas dudas ante Alexis que luego se confirmaron en toda su extensión al intentar atrapar la ejecución de Adrián. Se le escapó el balón al guardameta y Christian remachó en la boca de gol. Digamos que el Sevilla no tenía por qué arrugarse más de la cuenta, pues, aunque era una cuesta que subir, acostumbrada tiene este equipo a su afición a levantar situaciones complicadas aunque luego lo vuelta a tirar todo por la ventana. Y así fue. Un buen balón de Dabo terminó de aclarar que Jesús Navas quería ser otro. Su verticalidad entrando en el área fue suficiente para poner las cosas favorables a nivelar la balanza porque Christian, el autor del primer gol y luego protagonista con una expulsión, picó e Iturralde pitó penalti. Pero en el guión de Manzano no estaba que Negredo fallara la pena máxima, ni mucho menos que a la jugada siguiente uno de los fichajes llamados a enderezar el rumbo de la nave en esta segunda vuelta se metiera un gol en propia puerta. La acción involuntaria de Rakitic ponía la cosa mucho más grave para el Sevilla. Y sólo iban 20 minutos de juego.
Pero a este equipo no se le puede dar por muerto. Había habido momentos con el 2-0 en que parecía perdido, descolocado y aturdido ante el jolgorio en el que se había convertido el ambiente en El Sardinero, pero cambió la tortilla con una jugada que le daba otra oportunidad. El Racing se quedaba con diez por una entrada a Dabo con los pies por delante y en la acción posterior el lanzamiento de Rakitic encontraba la altísima referencia de la cabeza de Fazio para meter otra al Sevilla en el partido antes de que llegara el descanso.
Evidentemente, la noche se ponía bastante mejor para los de Manzano, pero también aparecía de nuevo el elemento presión. El Sevilla, el equipo grande pero necesitado a la vez, estaba en superioridad numérica, pero iba por detrás en el marcador. Había que remontar, por tanto, como fuera para no agravar la crisis. El jiennense fue quitando defensas para ir a por ese triunfo que debía caer como fruta madura, que se exigía ya que cayera del lado sevillista pero que se iba a resistir. Ahora sí, Medel se quedaba como único pivote para que, con una zaga de tres, el Sevilla se tirara encima del Racing a todo lo que diera el motor. Y es verdad que la segunda parte fue un asedio continuo que, sin embargo, no dio más fruto que un puñado de ocasiones, un balón al palo de Negredo y, por fin, el empate a través de un penalti esta vez sí convertido por Luis Fabiano. Y cuando el punto parecía el único botín que se iba a llevar el Sevilla, llegó ese último regalo de Palop de la única forma que podía llegar el Racing, en un contraataque, que constata que el Sevilla no necesita a los rivales para perder. Se basta y se sobra él solo.
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